Pregón de las fiestas de San Agustin
Lobras, 2010

Este pregón, fue pronunciado por Jose Peña (Pepe, el del maestro) que fue presentado por Mari Cruz Lara, Concejala de Cultura. El pregón fue escenificado con maleta y vestimenta de los años 40 y 50 en Lobras y fue dedicado in memoriam al Aguacil de dichos años, Rogelio Rodelas, como modelo de profesional sencillo que además formó una gran familia. Este pregón fue iniciado a toque de corneta como Rogelio hacia en su tiempo.
José Peña Martínez

Agosto de 2010

José Peña durante el pregón
Sra. Alcaldesa, miembros de la Corporación Municipal, Mayordomos, queridos amigos y amigas de Lobras, de Timar y de los cortijos que nos visitáis. Nos encontramos ante las Fiestas de San Agustín y me siento muy afortunado de ser el Pregonero este año por lo que quiero agradecer este inmerecido honor a los mayordomos y a todo el pueblo de Lobras, que tanto quiero.

Me gustaría hablaros con la alegría de sentirme vuestro amigo de siempre, 'Pepe, el del maestro', porque he de deciros que nunca he dejado de soñar con los días de juventud vividos en Lobras en los años cuarenta. Estos días siempre los he llevado marcados en mi corazón porque aunque no soy de Lobras de nacimiento, sí lo soy de sentimiento.

Pero debemos de empezar por el principio que es anunciar formalmente el comienzo de las Fiestas de San Agustín y que quiero hacer con toda solemnidad. Debemos sentirnos orgullosos un año más de reencontramos todos en estas Fiestas y también de haber tenido la oportunidad de participar en la extraordinaria Semana Cultural organizada por los Mayordomos en colaboración con el Ayuntamiento. Cada año los lobreños y lobreñas, que viven aquí y los que acudimos de fuera lo hacemos con el entusiasmo de reencontrarnos y acompañar a nuestro patrón San Agustín.

Lobras, que a pesar de ser el municipio más pequeño de Andalucía y probablemente de Europa, no deja de ser el más grande por la belleza de sus calles multicolores, sus casas antiguas y la calidad humana de sus gentes, inigualables en generosidad y sabiduría natural.

Sobrevivir aquí ha sido un prodigio de adaptación porque se han pasado tiempos muy difíciles fruto del aislamiento y del abandono de este pueblo. Hemos aprendido las 'cuatro reglas' a golpe de pizarrín en escuelas mal dotadas y donde muchos niños y niñas asistían a clase semidescalzos y además sólo los días de lluvia que era cuando el ganado se encerraba en los corrales. Se llegó a repartir queso y leche 'americanos', pero no era eso lo que Lobras necesitaba. Se necesitaba apoyo para el desarrollo de un pueblo que durante mucho tiempo se le había negado.

Hace tan solo 50 años, no había nada en el pueblo, nada más que muchas carencias y muchas ganas de vivir. No había luz, teléfono, radio, ni agua potabilizada, ni carretera, ni ambulatorio. Por no haber, no había ni relojes: la hora se marcaba por la posición del sol y a medio día por la bocina del paso de la Alsina.

La vida de la Alpujarra no se medía a golpe de minutos, se medía a golpe de afectos y de días de trabajo agotadores, aunque eso sí, sin el estrés de la vida moderno, que tanto daño hace. Antiguamente cuando todo faltaba, se derrochaba alegría y felicidad, no había llegado la ola del consumismo. Los Reyes Magos nos contentaban con un puñado de almendras.

El hojalatero, a las latas de leche condensada les ponía asas y resultaban unos vasos magníficos. De las camisas, cuando no quedaba sitio para más remiendos, se troceaban en tiras para hacer jarapas para las camas. El mismo jabón para todo. Era tal el grado de precariedad que recuerdo que se decía cuando se preguntaba por alguien: 'fulanito ¿cómo estará? Te podían contestar: 'Muy bien, el dinero, falta no le hace; para comer, tiene'.

Por todo ello es sobradamente conocido que los que he hemos tenido la suerte de haber nacido o vivido en esta tierra somos gente que nos sobra espíritu emprendedor, imaginación y coraje y todos tenemos un extraordinario cariño por el pueblo de Lobras.

Por todo ello tengo que acordarme de Lobras, cada vez que veo que es un drama que se 'vaya' la luz por tan solo cinco minutos, que un autobús urbano se retrase diez minutos o cuando veo a un niño pensando y repensando el sabor del helado preferido que elegirá.

En esta plaza, que de pequeño pensaba era muy grande, pero que ahora veo es pequeña, las niñas y los niños jugábamos por separado. Unas a la rayuela y a las 'casitas' y otros al frontón y al futbol. Sólo coincidíamos en que las muñecas como las pelotas eran de trapo que hacíamos nosotros mismos.

En verano esperábamos ansiosos que llegasen los ensayos de las comedias porque allí nos encontrábamos todos. Recuerdo la comedia de 'El Tío Miserias' de Arniches y que dirigía D. Juan, mi padre. Fijaros era tan miserable el tío miserias que de flaco se le escapó el colorín de entre los barrotes de la jaula del hambre que pasaba.

Aquí en las calles los niños aprendimos mucho de la sabiduría popular de las personas mayores, sobre todo a aplicar el sentido común. En mi caso en estas calles he aprendido más que en muchas de las universidades por las que he pasado. Por ejemplo he estudiado extensamente que el hombre procede del mono, ¡pero eso ya lo sabíamos aquí todos los chavales¡ no había nada más que ver cómo nos encarábamos en los arboles e incluso saltábamos de unos a otros.

También he estudiado extensamente que comer mucha verdura, poca carne, frutos secos, lo que hoy se conoce como dieta mediterránea, es muy bueno, ¡pero si eso es lo que comíamos en Lobras de siempre¡ y así un largo etcétera. Por eso no me extraña que hoy sea considerado Lobras como BIC, bien de interés cultural.

Recuerdo también la 'medicina antigua de consolación' sin Seguridad Social a base paños calientes, aceite de hígado de bacalao, agua de carabaña imbebible y ya prohibida, infusiones de manzanilla, gárgaras de limón, enemas de agua y jabón, etc. En aquellos tiempos, todos teníamos lombrices y la mortalidad infantil era enorme.

El mundo conoce la Alpujarra por el levantamiento de los moriscos que no dejó de ser una proeza al producirse contra el hombre más poderoso del mundo, Felipe II. Pero la Alpujarra ahora debe de ser conocida también por la valentía de sus primeros pobladores venidos de toda España con arrojo y valentía a unas tierras áridas, inhóspitas y aisladas, lo que hace los lobreños sean fuertes de carácter e independientes.

Lobras es cada vez más conocida, a pesar de no haber sido ruta preferente de los grandes viajeros e historiadores de la Alpujarra y por tanto poco han escrito de este pueblo. Sin embargo y afortunadamente Lobras tuvo su propio historiador, Faustino Rodriguez Monteoliva, que supo poner en el mapa a Lobras contando lo más entrañable de su historia.

Antes de terminar me vais a permitir reflexionar sobre el futuro de Lobras debido a su progresiva pérdida de habitantes. Desde el siglo XIX que el municipio de Lobras tenía más de 1.000 habitantes ha pasado a tener 152 en la actualidad. Los descensos más marcados se producen por la emigración a América a finales del siglo XIX debido al problema creado por la filoxera que arrasa los viñedos alpujarreños y más recientemente en los años 50 y 60 por la emigración a Europa (Alemania) y al resto de España.

En los últimos tiempos se viene perdiendo una media de diez habitantes por año lo que unido a que más del 50 % de la población tienen más de 60 años, nos hace pensar en un futuro incierto pero no imposible para el pueblo. Tenemos la suerte de pertenecer a este bello pueblo que nuestros mayores han construido con austeridad y trabajo y que tiene unos recursos paisajísticos, culturales e históricos tan fuertes que no puede renunciar a un futuro prometedor mediante un esfuerzo conjunto con los otros pueblos de la Alpujarra a través de programas de desarrollo sostenible de toda la comarca alpujarreña, máxime ahora que cuenta con mejores infraestructuras de comunicación por internet, teléfono y carreteras.

Hoy día, que vivimos en un mundo globalizado, donde prima el consumo, la competitividad y el estrés, Lobras es un remanso de todo lo contrario, vida sencilla, sin agobios, donde los mayores tienen el cariño que se merecen, existe el silencio y la serenidad para reflexionar y soñar bajo las estrellas. Todo ello hace que Lobras sea singular en un mundo muy complejo y que se debe defender para el disfrute de todos, para el desarrollo futuro de sus jóvenes y poner en valor para tanta gente que quiere reencontrarse consigo mismo cuando huye de las grandes urbes.

Pero pensemos en nuestras fiestas que hoy comienzan con días jubilosos y de alegría, con el bullicio de múltiples actividades y el reencuentro de familias y viejas amistades. Todo ello, estoy seguro, nos hará olvidar por unos días los problemas propios de los vericuetos de la vida. Así es que os pido que vivamos unos días de verdadera hermandad y confraternidad.

Como las Fiestas han llegado, no debemos hacerlas esperar.
Así es que yo termino con un: ¡Viva San Agustín y Santa Mónica!
¡Viva Lobras, Timar y todos los cortijos!.
¡Viva la Alpujarra¡

Muchas gracias.


José Peña Martínez (Pepe, el del maestro)
Lobras, agosto, 2010